Desde que en 1291 Sancho IV otorgara a Cacabelos la celebración de las ferias de La Cruz de Mayo y de San Miguel, la Villa del Cúa ha sido protagonista de innumerables intercambios comerciales, del rumor del gentío, del sonido hueco de los cascos de los caballos y, cómo no, del apetitoso olor del pulpo como en Cacabelos extraordinaramente saben hacerlo: a fuego lento, en caldera de cobre.

En estos 700 años, la Feria de San Miguel, centrada en el comercio de ganado caballar, ha sido un referente a nivel comarcal de este tipo de mercado, no sólo por congregar a un gran número de participantes, sino porque, además, su componente histórico le ha valido la declaración de Interés Turístico Regional y aparecer publicada en el Calendario de Certámenes Feriales que la Junta de Castilla Y León edita anualmente.

En la pasada edición más de 400 caballos entraron en el nuevo recinto para su posterior comercialización.

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